Hogares y educación para la paz

OBSERVANDO

Patricia Alvarado*

Ante la ola de violencia que vive el país no hay más que la educación para la paz, una educación que previene el delito y herramienta infalible para todo clima de delincuencia y desarmonía.

Hablar de la educación para la paz conlleva varias aristas como el respeto a los valores humanos, derechos humanos, diálogo, mediación, reconciliación, transparencia, rendición de cuentas, libertad, bienestar, justicia, igualdad.

La Unicef nos define a la educación para la paz como “un proceso de promoción del conocimiento, las capacidades, las actitudes y los valores necesarios para producir cambios de comportamiento que permitan a los niños, los jóvenes y los adultos prevenir los conflictos y la violencia, tanto la violencia evidente como la estructural; resolver conflictos de manera pacífica; y crear condiciones que conduzcan a la paz, tanto a escala interpersonal, como intergrupal, nacional o internacional”.

Un país necesita reencontrar nuevas formas de fincar la armonía en las formas de vivir, de convivir, de comunicar.

Los hogares mexicanos necesitan entrarle de lleno a la educación para la paz, núcleo familiar donde se cimientan las bases para un buen desarrollo familiar.

En la actualidad hay diferentes clases de hogares cuya definición sería conjunto de personas que pueden ser o no familiares y que comparten la misma vivienda. Una persona que vive sola también constituye un hogar.

En México, de cada 100 hogares familiares 71 por ciento son nucleares estos están formados por papá, mamá y los hijos, o sólo la mamá o el papá con los hijos; una pareja que vive en el mismo hogar y no tiene hijos también es considerado hogar nuclear, 28 por ciento son ampliados y están formados por un hogar nuclear más otros parientes: tíos, hermanos, primos, etcétera y uno por ciento es compuesto constituido por un hogar nuclear, ampliado y al menos una persona sin parentesco con el jefe del hogar.

De cada 100 hogares no familiares 95 por ciento son unipersonales, integrados por una sola persona. Y cinco por ciento corresidentes y están formados por dos o más personas sin relaciones de parentesco con la jefa o jefe del hogar.
Por otra parte, información del Censo de Población y Vivienda 2020, muestra que, a nivel nacional en 33 de cada 100 hogares, las mujeres son reconocidas como jefa de la vivienda, esto significa más de 11 millones de hogares.
Hoy en día los hogares están fragmentados; la vox populi comenta que los abusos, maltratos, violencia, son constantes diarias. Vivir con distintas personas y muchas de las veces en hacinamiento es de pertinencia urgencia que la educación permeé de manera constante y permanente para que de alguna manera el índice de violencia baje.
El mayor beneficio de la educación para la paz es crear un cambio de comportamiento en la conciencia social ya que sin la voluntad de cada persona no puede hacerse realidad cambios constructivos y significativos a nivel micro y macro, necesario para una educación para la paz de igualdad que implique la vida comunitaria como base para co crear nuevas formas de habitar.
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